24 marzo 2006

LOS GAYS ABREN EL ARMARIO





Los barrios rosa se convierten en el principal reclamo de las ciudades

En Madrid, el distrito de Chueca ha pasado a ser un barrio pujante, caro y envidiado

Chueca ya no es lo que era: es más. Castizo del siglo XX y, ya para siempre, símbolo de tolerancia y progresía. Es la tierra prometida gay y, casi, la última esperanza para todos los públicos del centro de Madrid. Y es lo contrario a su definición contemporánea: no es el feudo de nadie, es el único lugar en el que no preguntarán por ninguna condición sexual. Hace muchos años ya que no se cuestiona: ¿y usted qué es? Se presupone: es una persona.

La fama de la noche loca en Chueca tiene las horas contadas. Porque en el barrio se madruga. Hay vida más allá de las tantas y un desayuno en Chueca es una experiencia con diamantes urbanos que son la verdadera maquinaria de un barrio pujante, caro y envidiado. Desde la explosión del arco iris, nadie ha tenido que irse. Conviven los históricos del barrio, los pequeños negocios, los vecinos de siempre, los bares de tapas, junto al empuje comercial que lleva el sello gay. Son las nueve y media de la mañana. Carmen, una señora de 79 años, camina con media barra de pan. Es viuda. «Yo ya me acostumbré. Esta gente es tan educada. Y te respeta. Cuando llevo la compra me quieren ayudar con las bolsas. Mis hijos son los que miran raro...».

La plaza de Chueca es el centro neurálgico de un barrio de libertad. Con un poco de buen tiempo, al mediodía, todos quedarán convertidos en lagartos al sol con una caña en la mano en la parada obligatoria en Ángel Sierra (Gravina, 11). Antes ha habido camiones de descarga para todos los gustos. Hoy llueve y hay color brillante en Frutas Eloy (plaza de Chueca), que lo dice en un vistoso letrero: Fruta sana, gente sana. La Chueca que madruga es la respuesta a ganas de cotidianeidad después de tanto luchar por la conquista de la igualdad. Pero todo siempre con originalidad y un punto entre chic y kitsch, cutrelux o lujo de supervivencia. «Está muy bien todo lo que representa el barrio y nosotros somos conscientes de toda esta historia, pero creo que será una conquista mayor que la vida sea normal. Hacemos lo mismo que el resto», explica José, un vasco que confiesa que su apuesta por Chueca ha sido satisfactoria. Para los madrugadores perezosos, en la calle Gravina existe Lo plus chic, desayunos a domicilio. Allí se encargan de despertar la originalidad y sirven productos a gente de toda condición, generalmente parejas que celebran algo especial. Este local también confirma que no hay un patrón de cliente que se asocie al tópico del barrio.

Durante el día, hay churrerías y mercerías casi de época, zapaterías y mucha ropa. Desde Mala Malísima (Augusto Figueroa), una tienda que respondería a la media: pequeña y con una oferta muy selecta, a La Luciérnaga (Gravina) o La Pepa (Travesía de Belén), representantes de un comercio que pelea seguro por vender, pero tanto o más por el prestigio de que sean recomendadas por el boca a oreja. Y, por supuesto, el ineludible Mercado de Fuencarral, un centro neurálgico de modernidad y vanguardia.

Comer en Chueca es un lujo alternativo. Desde El Bocaíto (Libertad, 6), a la potente sidrería El Tigre (Infantas, 30), Momo (Augusto Figueroa, 41), El Armario (San Bartolomé, 7), La Vaca Verónica (Moratín, 38), La Gastroteca de Stephane y Arturo, en la plaza de Chueca, o el clásico y aledaño Zara (Infantas, 5) son sólo una mínima parte del bosque gastronómico de cocina internacional que ha convertido a Chueca en paso obligado para una cena. Resulta que a La Lupe de Hortaleza, o a la emblemática y ya nada anecdótica librería Berkana (Hortaleza, 64) le han salido muchos compañeros de viaje. Y la noche, ya se sabe, es un termómetro de vida festiva. Hay tantos locales, tan singulares y con tanta actividad que la prueba ha de hacerse sobre el terreno. Pero se pide civismo. «Fíjate, los que veníamos de copas y nos hemos quedado a vivir, ya pedimos como en todos los barrios: un poquito de por favor», señala José. Si algo tiene esta zona es que en su mayoría de edad quiere ser tan Chueca de noche como Chueca de día.

Información extraida de: La Voz de Galicia

No hay comentarios: