12 marzo 2006

"MEJOR SER FASCISTA QUE MARICÓN"




Alessandra Mussolini
durante el programa «Porta a Porta»
que conduce Bruno Vespa

La nieta de Mussolini insulta en televisión a una candidata transexual del centro izquierda

Roma- A los homosexuales se les tolera hasta que entran en política. Esa es la idea que dieron ayer dos exponentes de la coalición de centroderecha italiana. El ministro Roberto Castelli y la europarlamentaria Alessandra Mussolini insultaron y vejaron a la candidata del centro izquierda Vladimir Luxuria, una ex «Drag Queen» que demostró tener bastante más educación que sus rivales. El polémico debate televisivo, emitido en horas de máxima audiencia, se resume con la frase que la nieta del «Duce» escupió para cerrar su intervención: «Más vale ser fascista que maricón», aseguró, chillando y apuntando con el dedo, amenazante, a Luxuria. Si la guinda fue bochornosa, el espectáculo que dieron los invitados no fue mucho mejor.

Un mal día. Al inicio del largo debate, tanto Mussolini como Castelli dieron muestras de tolerancia, enviando mensajes de consenso a la comunidad homosexual. Pasados algunos minutos, cuando Luxuria comenzó a defenderse de los ataques velados y a explicar el programa de su coalición (una ley sobre parejas de hecho similar a la que aprobó el Gobierno de Aznar en España), Castelli perdió el sentido de lo políticamente correcto y comenzó a llamarla «Señor Guadagno». Minutos después, Mussolini sustituyó el vocablo «transgender», con el que el travestido se refería a los de su condición, con «gendarme». «Trasgender, o gendarme, o Schwarzenneger, o como sea eso?», apeló a su rival.

Minutos antes de finalizar la transmisión, el compañero de «batalla» de Luxuria, Antonio Di Pietro, el magistrado que tiró de la manta de «Tangentopoli» en los años 90, hizo notar a Mussolini que con sus insultos estaba haciendo honor a su condición de fascista. La nieta del «Duce» reventó: «Estoy orgullosa de serlo. Usted se debería avergonzar?». Cuando parecía que el presentador había conseguido calmarla, se desató de nuevo: «Usted se viste de mujer y piensa que puede hacer lo que le de la gana. Mejor ser fascista que maricón». Ahí acabó el debate.

En defensa de la nieta del «Duce» sólo se pude decir que había tenido un día duro. Llegó tarde al plató después de una larga reunión con Berlusconi, en la que se habló del «Watergate alla romana», la tormenta de escándalos que ayer le costó la dimisión al ministro de Sanidad y ex presidente de la región de Lazio, Francesco Storace, ex fascista y visceral enemigo de Alessandra Mussolini. Storace fue acusado de ordenar el espionaje y la persecución de la nieta del «Duce», así como del candidato del centroizquierda, Piero Marrazzo, sus rivales en las últimas elecciones regionales. Unos comicios que Storace perdió a pesar del juego sucio. El «spaghetti Watergate» no se organizó con sofisticados sistemas tecnológicos, sino «alla romana», sobornando a trabajadores de las empresas de telefonía. Tampoco hubo hábiles reporteros detrás de la trama, que fue destapada por casualidad, cuando los magistrados investigaban un caso rutinario. A un mes de las elecciones, la coalición de Berlusconi se empantana en escándalos, corruptelas y casos de espionaje, mientras sigue sumando detractores. Los últimos, la patronal industrial de Luca Cordero de Montezzemolo y el diario conservador «Corriere della Sera», que apoyaron públicamente al centro-izquierda.

Aunque «Il Cavaliere» todavía tiene un último as en la manga: su enfrentamiento televisivo contra Romano Prodi, el hombre con la retórica más aburrida en este lado de los Alpes. El rey de la pequeña pantalla encomienda una vez más a la televisión su única esperanza.

Información extraida de: La Razón

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