22 abril 2006

«LA ESCUELA NO ES UN LUGAR SEGURO PARA LOS HOMOSEXUALES»



«Si alguien llama negro a un futbolista se encienden todas las alarmas; si le llaman maricón, no pasa nada»

José Ignacio Pichardo Galán, investigador del departamento de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid, lleva varios días en Asturias presentando a distintos organismos y sindicatos un informe que constata que la homofobia es un elemento más del paisaje escolar y que el miedo de adolescentes gays y lesbianas a salir del armario está más que justificado. El investigador madrileño, que ayer presentó el estudio en la sede de Xente Gai Astur, tiene la sensación de que la legalización de los matrimonios homosexuales en España ha pillado a la escuela con el pie cambiado: «Aunque hay gente muy concienciada en el sistema educativo, la escuela aún tiene que reflejar con mayor contundencia esos cambios sociales».

-¿Son homófobos los adolescentes españoles?

-Nuestro estudio ha detectado que en el sistema educativo hay homofobia. Y nos preocupa, no sólo porque los niveles de homofobia son importantes sino también porque muchos educadores y la práctica totalidad de las instituciones educativas no los percibe o no los quiere percibir.
-Exponga algunas conclusiones del estudio.
-Uno de cada tres chicos no ve incorrecto tratar despreciativamente a los homosexuales, aunque este índice se reduce notablemente en el caso de las chicas: baja hasta el 15 por ciento. Hemos constatado que las chicas son más respetuosas, están mejor informadas sobre la diversidad sexual y son más capaces de empatizar con los «diferentes».
-¿Existe acoso escolar contra los gays y lesbianas?

-Sí. El 45 por ciento de adolescentes gays ha sufrido violencia física o verbal y el 97 por ciento escucha de forma habitual comentarios homófobos en el colegio. El acoso homófobo está presente en todos los centros, pero no se visualiza. Hay un «bullying» homófobo que se traduce en insultos, exclusión social e incluso agresiones físicas. ¿Por qué no se frena este acoso? Porque los adolescentes homosexuales tienden a silenciar su situación al considerar que la escuela no es un lugar seguro para los gays y las lesbianas. No dicen nada para ahorrarse problemas.
-¿Pueden contar con sus familias?

-A diferencia de otro tipo de acoso, en que las familias hacen piña con las víctimas, en estos casos la homofobia genera graves conflictos familiares. Algunos padres ejercen a su manera un acoso indirecto. Los adolescentes que salen del armario deberían tener claro que pueden contar con su familia, pero lo cierto es que la mayoría cree que sus padres no les apoyarían.

-¿Y cuál es la actitud de sus amigos de clase?
-Existe el llamado contagio del estigma. Si alguien sale en defensa de un homosexual, se arriesga a que también le llamen «maricón» o «bollera». Los amigos se distancian de ellos para no sufrir acoso también y sentir el vacío a su alrededor. De este modo, los adolescentes homosexuales se quedan sin aliados y esto genera exclusión. Pero conviene recordar que los adolescentes homosexuales que sufren acoso tienen tres veces más posibilidades de suicidarse que los heterosexuales.

-¿Nadie se preocupa por combatir el insulto?
-La violencia homófoba está perfectamente normalizada. Si alguien llama negro a un futbolista, se encienden todas las luces de emergencia contra el racismo. El insulto homófobo, llamar maricón a alguien, es normal incluso por el que lo sufre. Esto recuerda a la violencia de género: muchas mujeres que padecen malos tratos les restan importancia.

-¿Cuál es el papel de los profesores?
-Hay que tener cuidado con las generalizaciones, pero hemos visto que muchos profesores tienen el mismo problema que los alumnos. Aquellos que quieren abordar este problema se encuentran con la resistencia del claustro de profesores y de los padres. Nadie habla y nadie quiere que se hable sobre este asunto. Otro problema es que muchos profesores dicen que no están preparados para analizar este problema. El desconocimiento de los alumnos sobre los temas de género o de sexualidad es extensible a una parte del profesorado. Una profesora nos dijo que los alumnos de la ESO son demasiado pequeños para oír hablar de homosexualidad. Además, hay pocos materiales para trabajar la diversidad sexual y casi nadie se atreve a adquirirlos.

-¿Y qué ocurre con los profesores homosexuales?
-Ése es otro problema. Muchos viven bajo una fuerte presión. No hablan de su orientación sexual porque no quieren revivir como profesores la experiencia que sufrieron como alumnos. También tienen miedo a que cambie su relación con los estudiantes o con sus padres.

-¿Los padres siguen dando el toque a sus hijos homosexuales para que busquen novia?

-Sí, sí. Eso ocurre en casa, pero en clase los profesores hablan a sus alumnos como si todos fueran heterosexuales. Siempre se habla de los homosexuales como «los otros».

-¿Pesimista ante el futuro?
-No. El informe acaba con una llamada al optimismo porque está demostrado que el grado de homofobia disminuye notablemente entre aquellos adolescentes que conocen a gays y lesbianas. Caen los estereotipos y caen los prejuicios. No conviene caer en una victimización excesiva, pero tampoco podemos cerrar los ojos a la realidad; y la realidad es que la homofobia está presente en la escuela.

Información extraida de: Lne

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