16 julio 2006

CHILE EMPIEZA A ABORDAR DERECHOS Y DISCRIMINACIÓN DE HOMOSEXUALES



Elías Valenzuela creyó que ser misionero mormón en las calles de Bogotá era complicado, pero cuando el joven de 21 años regresó a su país en 1996 se enfrentó con una situación más comprometedora: admitir que le atraían otros hombres.

Valenzuela se esforzó lo más posible por no llegar a la conclusión personal de que era homosexual. Pasó amargas horas llorando, orando y visitando a psicólogos.

Al final, Valenzuela tuvo que aceptar su nueva identidad y así lo declaró ante su familia y compañeros de trabajo. Aunque su templo lo suspendió como miembro, Valenzuela acude cada domingo.

"Siempre he dicho que no me siento menos valioso que los demás, que no me siento menos que una persona", declaró recientemente. "Nunca he permitido que me pisotearan o que hicieran comentarios negativos", afirmó.

La decisión de vivir con franqueza como homosexual nunca es sencilla, pero resulta particularmente temeraria en Chile, un país profundamente católico y conservador.

Los gays apenas comienzan a hacerse visibles en la sociedad, y muchos prefieren ocultar su inclinación por el riesgo de ser socialmente marginados. Pero el país, considerado uno de los bastiones conservadores de América Latina, parece ser poco a poco más tolerante hacia los homosexuales.

"Chile está en proceso de una profunda transición ética", dijo Rolando Jiménez, presidente del grupo Movimiento de Liberación e Integración Homosexual que defiende los derechos de los gays.

Aunque todavía existen casos flagrantes de discriminación y violencia contra los homosexuales, los activistas gays y lésbicos han empezado a conseguir un significativo avance social.

Para comenzar, los activistas protestaron por una ley que prohibía las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo y lograron que fuera anulada en 1998.

Ante la preocupación por la brutalidad homofóbica de policías y la expulsión de estudiantes por su orientación sexual, Jiménez y su grupo visitaron departamentos policiales y escuelas en el país hasta que esas prácticas disminuyeron.

El Congreso analiza una ley antidiscriminación sin precedente que según los promotores será aprobada en los próximos meses. Entre otras medidas de protección, los activistas esperan que la legislación incluya un código contra las "ofensas a la moral y las buenas costumbres", que la policía ha utilizado para hostigar a homosexuales por conductas como tomarse de la mano en público.

El debate está concentrado en las partes medulares del proyecto de ley.

"Lo que salió de la cámara... era mucho mejor lo que había entrado a la discusión. Esperamos en el senado recuperar algunos conceptos que eran importantes para nosotros", que han sido dejados de lado, dijo la diputada María Antonieta Saa.

El éxito legislativo del movimiento se debe en parte a que ahora es considerado políticamente incorrecto tener en público una actitud antigay, coincidieron Saa y Jiménez.

"No hay nadie, o son muy pocas, las personas o instituciones que se atrevan a señalar que la homosexualidad constituye una perversión, una patología, y que a los homosexuales hay que agarrarlos y llevarlos a una isla, como se decía fácilmente hace 5 ó 10 años", dijo Jiménez, de 46 años, que ha tenido un activismo político desde los primeros días del gobierno militar de Augusto Pinochet.

Algunas celebridades chilenas, como el fotógrafo Jordi Castell, han aprovechado el ambiente favorable para presentarse como son.

Esa visibilidad es increíblemente simbólica en un país conservador, consideró el periodista Jorge Pujado, autor de "Los regios del cerro Santa Lucía", un estudio de los hombres homosexuales en Santiago.

"En Chile la transgresión no es que tú seas de cierta manera, sino que lo seas públicamente", aseguró.

Pujado descubrió que hasta publicar el libro, que comenzó como su tesis de maestría en la Universidad de Chile, era un desafío. Una casa editora española lo publicó en el 2000, pero ahora es difícil encontrar un ejemplar en las librerías chilenas.

La homofobia tiende a disminuir, pero aún está presente: Estudios de la Universidad de Chile realizados en 1996 y el 2003 mostraron que la homofobia cayó en Santiago del 70,6% a la mitad de la población. Los activistas atribuyen el cambio a los programas masivos de educación pública.

Pero el aumento en la tolerancia no siempre provino de experiencias positivas.

La lucha que más ha capturado la atención del país fue el fallo que emitió la Corte Suprema en el 2004 para negar a una jueza y madre lesbiana, Karen Atala, la custodia de sus tres hijas debido a su orientación sexual. Después de la resolución, el diario capitalino La Tercera publicó un sondeo que mostraba una opinión pública muy dividida, pues el 46% rechazó la decisión mientras el 50% la aprobó.

Emma de Ramón, pareja de Atala y directora de un grupo defensor de padres gays, dijo que tiene "mucha fe" en las posibilidades de avances bajo el reciente gobierno de la presidenta Michelle Bachelet. El hecho de que los padres homosexuales tengan derecho a adoptar puede ser un gran logro, pero De Ramón espera que pronto sea establecida en Chile al menos una ley que ampare sus uniones civiles.

Aunque las políticas institucionales y las actitudes comienzan a cambiar en Chile, los homosexuales y las lesbianas todavía enfrentan amenazas. En mayo, un joven que conducía un automóvil en las afueras de Santiago fue golpeado por policías cuando vieron que había asistido a una fiesta gay.

Aunque muchos miembros de la comunidad homosexual de Chile desea progresos más rápidos, aceptan que el camino es arduo y prefieren concentrarse en los aspectos positivos.

"Esto es parte del cambio cultural", estimó Jiménez, quien ha recibido amenazas de muerte, y señaló que "los cambios culturales no ocurren de un día para otro".

Información extraida de: Miami

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