12 noviembre 2006

"LOS ULTRAORTODOXOS NOS HAN METIDO EN UN ZOO"



Los extremistas judíos obligan a celebrar el Orgullo Gay de Jerusalén en un estadio

A una triste celebración, encerrados en un pequeño estadio universitario, al que acudieron apenas 2.000 personas recatadamente vestidas, quedó reducida ayer la Marcha del Orgullo Gay en Jerusalén. Los ultraortodoxos judíos se han impuesto. No estaban dispuestos a que "se manche la Ciudad Santa" con un desfile de personas a las que han comparado con los cerdos.

Los disturbios provocados por los extremistas y las amenazas han surtido efecto ante la policía, que recomendó al fiscal general la suspensión de la marcha. Al final, los organizadores aceptaron un emplazamiento aislado, pero el derecho de manifestación y la libertad de expresión sufrieron un severo golpe en una sociedad, la israelí, que se inclina a marchas forzadas a la derecha.

Isaac, al poco tiempo de comenzar el acto en el Estadio de la Universidad de Ramat Gan, afirmaba: "Yo no sé que pinto aquí. Nos han colocado en un zoo. Han ganado los ultras". "No hay marcha. Nos hemos tragado el orgullo", asentía su compañero.

Tres mil policías fueron desplegados para garantizar la seguridad, más que los hombres y mujeres que acudieron a la manifestación en un ambiente no muy festivo.

Miles prefirieron quedarse en Tel Aviv -otro mundo a sólo 60 kilómetros de Jerusalén- por miedo a probables altercados. Los hubo. Unas cuantas decenas de gays y lesbianas, en desacuerdo con la decisión de la ONG organizadora, Casa Abierta, se reunieron para iniciar la partida en el punto inicial del trazado original. Les esperaban los ultraortodoxos, con sus atuendos negros, y se enzarzaron a golpes. Fueron dispersados a porrazos por la policía y varias decenas de ellos fueron detenidos.

La directora de la ONG, Elena Canetti, se negaba a admitir la derrota ante los iluminados e insistía en que se aceptó el recinto universitario para garantizar la seguridad, ya que Israel se halla en estado de alerta máxima por las amenazas de grupos palestinos tras una matanza de 20 civiles en Gaza el miércoles. "Hemos descubierto que la violencia de los ultraortodoxos funciona. Hay que luchar contra el fanatismo oscurantista que quiere devolvernos al siglo XVII", dijo.

Los colectivos homosexuales no son excesivamente beligerantes. "No provocamos con ningún tipo de escenificación sexual y recomendamos un atuendo modesto", añadió Canetti. Nada se pudo hacer ante la intransigencia religiosa de los extremistas judíos, a los que se sumaron en su petición de prohibir la marcha los líderes religiosos cristianos y musulmanes. Hasta el Papa pidió que se suspendiera la marcha en la "ciudad sagrada".

Lo grave es que han tenido éxito las coacciones, las amenazas de muerte acompañadas de recompensas (algún extremista ofreció más de 3.000 euros por gay muerto), el anuncio de que iban a llenar la ciudad de animales de granja, o a bañar la autopista entre Tel Aviv y Jerusalén con aceite para impedir el tráfico a los manifestantes. Además, hubo unas cuantas noches de disturbios callejeros en los barrios habitados por los judíos más fieles, en los que quemaron contenedores, apedrearon a los policías, e incluso al alcalde, Uri Lupoliansky, también un ultraortodoxo con 12 hijos que no se plegó inmediatamente a las exigencias. "Que vienen los nazis", llegaron a gritar los vándalos cuando se acercaban los agentes.

El Gobierno ha claudicado y eludido preservar el derecho de manifestación. Apenas un par de ministros se han mostrado abiertamente a favor de que se celebrara el acto. No se halla entre ellos el primer ministro, Ehud Olmert, una de cuyas hijas milita en Casa Abierta. Y es que el voto de los ultraortodoxos es imprescindible para el jefe del Ejecutivo.

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