14 diciembre 2007

Cruzada religiosa para "curar" gays


Christian Rea Tizcareño

“Hay una buena noticia: Para Dios no hay imposibles. Él puede sanar a quien por su voluntad desea dejar de sufrir por el problema de Atracción Sexual a Personas del Mismo Sexo” (eufemismo que se reduce luego a las asépticas siglas ‘AMS’). Esa es la consigna de un largo fin de semana. Alrededor de 100 personas, de diversos puntos de México y el extranjero, se congregan en un hotel cinco estrellas de la cristera Guadalajara, Jalisco, para “curarse” de la temida homosexualidad con el apoyo del Courage Latino.


Un modesto letrero —“Camino a la castidad. Taller de Restauración Sexual y Relacional” (sic)— recibe a los asistentes, que tienen que mostrar el comprobante bancario del donativo obligatorio de 800 pesos. Si no lo depositaste no hay lío, sólo paga el sobreprecio de 100 pesos por el retardo. Después de las cuentas claras, los organizadores, instalados detrás de una mesa llena de mercancía —playeras, recuerdos, libros, folletos, estampas, discos, videos y demás souvenirs religiosos—, sonríen: “Bienvenido. Dios te bendiga, hermano”.

Por todo el pasillo ya se escuchan las alabanzas. Los líderes, ya “curados”, proporcionan una carpeta con el programa. Algunos de los 18 temas son Masturbación: libre de adicciones, Autoestima y Combate espiritual, Cómo vencer las tentaciones. Los salones se identifican con los nombres de los promiscuos dioses griegos, pero nadie parece darse cuenta. En el Atenea se realizan las ponencias magistrales; ahí será el coffee break, animado por el coro de León. Pero antes una voz masculina siembra expectativas: “Van a ver la luz en medio de las tinieblas”.

Las garras del mundo gay

Entre los sonrientes parroquianos está Israel, un tímido y desconfiado ex seminarista que truncó su vocación sacerdotal cuando el señor obispo descubrió su AMS. También participa Belén, una psicóloga que además instruye el catecismo del Buen Pastor a preescolares. Algunos lugares la separan de Kuk, un yucateco que ya intentó superarlo más de una vez, sin éxito, con “profesionales de la salud” y con grupos de Neuróticos Anónimos. En asientos contiguos, María y Juan, quienes no tienen el “problema”, opinan que con los conocimientos que adquieran podrán llevar el Courage a la frontera norte. Un joven mira con extrañeza a su alrededor, sus padres lo custodian.

A unos metros, Gabriela, maestra en Bioética por la Universidad Anáhuac, reza por un hermano de sangre que “cayó en las garras del mundo gay”.

—Las relaciones anales entre hombres son agresivas, violentas. Son aborrecidas por Dios —dice Gabriela.

—¿Y las lesbianas?
—En el lesbianismo no hay sexo, son sólo caricias, tocamientos. No hay penetración.
—¿Es malo ser homosexual?
—Hombre y mujer son complementarios. Claro, hasta el matrimonio, eso dice la escritura
—No hay duda en su respuesta.
—¿También hay evangélicos aquí, verdad? El ecumenismo de Juan Pablo II se hace realidad, ¿no?
—Pero a diferencia de los cristianos, nosotros tenemos de nuestro lado a la ciencia.

Según Gabriela, la ciencia no ha demostrado fehacientemente que la homosexualidad sea un hecho biológicamente natural, y por ello, la AMS puede resolverse si la persona “sana las heridas” que la infancia le dejó.

El moralismo que señala lo anormal

Abraham dirige la oración matutina: “Dios, te pedimos que cortes toda tentación de este lugar”. Después, aparece en escena el psicólogo bautista Everardo Martínez, director de la clínica VenSer —”Verdadera esperanza para tu ser”, dedicada a dar talleres de “redención” y “restauración sexual” en México y otros países latinoamericanos. “Un sentimiento jamás puede definir a alguien. Tú eres heterosexual. ¿Has tenido ganas de matar? ¿Eres asesino? No, ¿verdad? Tienes AMS pero no eres gay. Imagínate, yo siento que soy la Madre Teresa de Calcuta y ahora todos me tienen que decir así. O el otro que decía ‘yo soy el Presidente Legítimo’. Es el festival de la esquizofrenia”. Una analogía más de Martínez: “¿Usted recibe a su hijo con labio leporino? ¿Dice ‘qué padre, ya tiene un lugar para ponerle el popote, va a ser el chavo más original de la prepa?’ No es normal o moralmente aceptable”. El público asiente entre risas y aplausos.

Para el predicador, “ser gay” es una gigantesca máscara que pretende ocultar la infelicidad. Los científicos y medios de comunicación la avalan por presión política. La solitaria vida de los homosexuales caduca a los cuarenta y está marcada por un sentimiento de inferioridad.

Tras la condena, la redención: se puede erradicar al detectarse sus causas. Un repaso básico. Necesidad de amor masculino por la falta de la figura paterna: “Las madres solteras son malas para educar varones”. Abuso sexual placentero. Roles enfermos de los padres: una matriarca y un progenitor pasivo. Ser el hermano menor. Tendencias artísticas: “Perfil de riesgo”. Convivir con mujeres en la infancia, moda, pornografía, rebeldía, venganza, problemas matrimoniales, pecados generacionales, pactos “demoníacos”.

Un mensaje de esperanza para las almas compungidas por la desviación de los otros, a pregunta expresa de una rubia Legionaria de Cristo: “Estamos orando para que Dios nos abra las puertas en las escuelas”.

Los elegidos para sanar

Dos testigos inanimados moran en un salón, el Santísimo Sacramento y la Virgen María. En otro, un joven cuenta que autoridades tapatías están interesadas en promover políticas públicas inspiradas en las ideas de Courage. Se trata de Lázaro, quien presume “pureza y castidad” desde hace tres años. En la Arquidiócesis tapatía, jurisdicción donde vive, “hay miedo a tratar el tema. Tan sólo la semana pasada, un padre de la Catedral corrió del confesionario a un chavo con AMS. Eso no puede ser, se les tiene que tratar con amor y misericordia”.

“Esos sacerdotes, al igual que los que absuelven la AMS, darán cuentas al Señor por ese hijo mal encauzado”, refiere Pedro, un integrante de Courage en el DF, quien sin recibir terapia ya siente atracción por el sexo opuesto y, asegura, dejó de ser afeminado.

En el grupo hay aspiración de exclusividad. No se pretende agremiar masas. Existe un perfil de ingreso, en el que no caben “los rijosos”. Hay un filtro, una entrevista previa con el coordinador. Si el aspirante profiere calificativos como “retrógrada” o intenta debatir el tema, simplemente reprueba: “Quiere hacer a Dios a su medida”, censura Pedro. Si es aceptado, se advierte que la recuperación será larga, aunque eficaz. “98 por ciento es disposición espiritual, el resto lo hace la terapia”, prometen. Otra psicóloga de VenSer da más detalle: la sesión cuesta 300 pesos, a tratar, si el paciente tiene interés. El tratamiento puede durar años.

Eso sí, faltaba más, se ofrece total discreción. Un poco de caridad para las almas confundidas que estén dispuestas a salvarse por obra y gracia de la homofobia.

Qué es Courage Latino

Courage es un grupo fundado en 1980 en la Arquidiócesis de Nueva York. Recibió la autorización del Pontificio Consejo para la Familia del Vaticano en julio de 1994 y llegó al país apenas en 2005, cuando la Conferencia del Episcopado Mexicano lo autorizó. En la Basílica de Guadalupe, primer paso en su camino nacional, hoy día cuenta con tres grandes centros, uno para mujeres, uno para hombres y otro para familiares.

Respaldada por jerarcas como el Arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, y el cardenal Norberto Rivera, de la ciudad de México, su misión de brindar ayuda pastoral y psicológica a los fieles que anhelan dejar en el pasado una “conducta pecaminosa, torcida y lujuriosa”. El grupo —con fuerte presencia de sectores evangélicos— se ha extendido a Guadalajara, Monterrey, Cuernavaca, Culiacán, Puebla, Aguascalientes y Tijuana.

Según el difunto papa Juan Pablo II, “Courage está haciendo el trabajo de Dios”. Sus principales objetivos son “educar” a los sacerdotes y laicos en relación a la homosexualidad; formar grupos de apoyo mutuo que pugnen por la castidad, la oración y el “compañerismo sano”, además de dar “buen ejemplo” a la sociedad y orquestar conferencias para “curar” la homosexualidad o para enfrentar a la “agenda pro gay”.

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