28 diciembre 2007

La Iglesia, en las trincheras

Rouco Varela organiza una nueva concentración política

El arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, cierra el año y la legislatura socialista con un nuevo llamamiento a manifestarse por las calles de Madrid. La actitud de enfrentamiento desde las trincheras, que el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, ha mantenido estos cuatro años solo podía terminar así.

Este domingo, día treinta de diciembre, las familias católicas acudirán nuevamente al Paseo de la Castellana en defensa de la familia que, a juicio de Rouco, sufre fuertes amenazas como “unión entre varón y mujer”. La razón es lo de menos porque los matrimonios homosexuales ya no son de rabiosa actualidad. De forma discreta, muchas parejas del mismo sexo, han ido legalizando su situación y a los beneficios de la ley se han acogido mujeres y hombres de todas las ideologías y partidos políticos.

Rouco se la juega
Lo que se juega el domingo es el poder de convocatoria de Rouco y para ello los obispos “afines” están haciendo verdaderas campañas de promoción de la marcha en Madrid. Cartas pastorales o viajes organizados, invitan a las familias de Burgos, Ávila, Plasencia. Incluso podrán ver un mensaje en directo del Papa desde Roma.

Gusto a la pancarta
Teniendo en cuenta que, pese a los apocalípticos vaticinios, los matrimonios homosexuales no han acabado con la familia tradicional, ni han mermado ningún derecho de las parejas heterosexuales, ni han contaminado la sociedad, ni han pervertido a los niños, ni han abierto la puerta al diablo, solo un motivo electoral (o preelectoral) se vislumbra como razón de esta nueva cita en la calle. Nunca la “familia tradicional”, como la denomina Rouco, se había manifestado tanto como en estos cuatro años. Le han cogido el gusto a la pancarta y han convertido la protesta en un nuevo signo de identidad.

Poder en la sombra
El poder en la sombra, pero real, que el arzobispo Rouco ha ejercido, al frente de los obispos conservadores, seguido de cerca por monseñor Cañizares, responsable de la diócesis de Toledo, demuestra que este sector mayoritario en la actual Iglesia Católica española, que perdió la votación en el nombramiento de “un tal Blázquez”, no se resignó a perder el mando.

Un arzobispo muy pepero
Cuando el PSOE ganó las elecciones Rouco Varela todavía era presidente de la Conferencia Episcopal. Había tenido unas magníficas relaciones con los gobiernos de José María Aznar y el vuelco electoral del PP le dejó tan sorprendido como al propio Rajoy, o a los dirigentes de la calle Génova.

Consignas anti-ZP
Pero, rápido de reflejos el entonces jefe de la Iglesia Católica española no perdió el tiempo, y trece días después de la cita en las urnas convocó en un desayuno a miembros del Opus Dei, de los Legionarios de Cristo y de otros sectores ultra conservadores del clero, para advertirles que la consigna era oponerse a todas y cada una de las iniciativas legislativas del nuevo Gobierno.

Boicot al Gobierno
Dicho y hecho. Meses después Rouco, en un duro discurso dirigido a la asamblea plenaria del episcopado, instó a todos los obispas a sumarse al boicot de las reformas del Gobierno. Entre otras ese matrimonio gay que ahora les lleva de nuevo a manifestarse.

Los moderados, al frente de la CEE
Pero una nueva cita electoral, apenas un año después, esta vez en la calle Añastro sede de la Conferencia Episcopal, volvió a dejarle desconcertado. Por un solo voto perdió frente al obispo de Bilbao Ricardo Blázquez, la posibilidad de encadenar un tercer mandato en un momento de “tanta incertidumbre”. Seguramente su mano férrea y la animadversión inocultable hacia el nuevo ejecutivo, hizo que sectores más moderados temieran una guerra abierta entre Iglesia y Gobierno y optaran por un tímido y pausado Blázquez.

Tampoco perdió el tiempo en esta ocasión y, desde la vicepresidencia, ha mantenido toda la legislatura vivas las esencias de su idea del poder terrenal de la Iglesia y no ha dejado títere con cabeza.

Educación para la Ciudadanía, la última batalla
Este último año no ha sido, por estas razones, nada fácil en este enfrentamiento constante. De nada han servido las declaraciones conciliadoras de Monseñor Blázquez sobre el contenido de la última “batalla”: la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Ni los intentos, algunos desmesurados, del Gobierno de Zapatero por congraciarse con el sector duro de la jerarquía eclesiástica. Gestos como el del Ministro de Asuntos Exteriores, asistiendo a la masiva beatificación de “mártires de la Cruzada”; o el de la Vicepresidenta, Maria Teresa Fernández de la Vega, compartiendo mesa, mantel y discurso con los nuevos capelos cardenalicios, han aflojado la ofensiva.

Apoyo del PP
El PP y la jerarquía eclesiástica se retroalimentan en sus argumentos contra esta nueva asignatura. Con la paradoja de que, muchos de sus textos, ya figuraban en la materia que, bajo el nombre de “Ética”, se impartía en tiempos de Aznar y con Pilar del Castillo como ministra. Pero la batalla contra “Ciudadanía” tiene poco que ver con razonamientos lógicos.

Un portavoz afín a Rouco
Martinez Camino, secretario de la Conferencia Episcopal, que algunas veces se ha permitido apostillar a su jefe, el obispo de Bilbao, cuando este no era lo suficientemente contundente contra el Gobierno, hizo un llamamiento a los padres para que recurrieran a “todos los medios legítimos”, entre ellos la objeción de conciencia, contra esta asignatura.

Demarque de la patronal de centros religiosos
La campaña fue tan dura que incluso la poderosa patronal de colegios católicos subvencionados, la FERE, se desmarcó del boicot. Rechazó la objeción y, eso sí, cambió uno de los párrafos de la asignatura, el referido a la homosexualidad, por otro que decía: “con respeto, compasión y delicadeza deben ser acogidos los homosexuales”. Bien es verdad que esta patronal recibe, cada año, de los presupuestos generales del Estado, la no despreciable cantidad de tres mil doscientos millones de euros para gestionar sus dos mil colegios.

Rajoy, el salvador
La campaña electoral servirá a la Iglesia para “orientar” el voto hacia el PP. Solo un triunfo de Rajoy le hará abandonar la trinchera.


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