19 febrero 2008

Los padres salen del armario

La primera asociación de familiares de homosexuales de Asturias comienza a trabajar con la colaboración de un colectivo catalán Tres progenitores de un gay, una lesbiana y un transexual cuentan su experiencia.

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Está socialmente aceptado que todos nacemos heterosexuales y que a los homosexuales no les queda más remedio que salir del armario si quieren vivir plenamente su sexualidad. No existe una receta mágica para abrir esa puerta, ni tampoco una edad apropiada, pero en cualquier caso ese proceso siempre conlleva dolor para la persona que lo sufre. Lo saben los gays, las lesbianas, los transexuales y los bisexuales y entre bambalinas lo viven sus familiares. Los padres no son los protagonistas pero juegan un papel muy importante para el que, en la mayoría de los casos, no están preparados. Formar parte de un foro en el que intercambiar experiencias, pedir consejos y aprender a escuchar es casi volver a matricularse en la escuela.

Un grupo de familias dio ayer el paso para constituir la primera asociación asturiana de padres con hijos homosexuales. Nace amparada por Xega (Xente Gay Astur), que en la actualidad cuenta con un grupo formado por jóvenes de entre 15 y 20 años. Fueron estos adolescentes los que cogieron de la mano a sus padres y les animaron a reunirse, a participar en jornadas de debate, a hablar de lo que les estaba sucediendo, de sus emociones y sentimientos. Fruto de ese encuentro surge ahora el colectivo que cuenta con el apadrinamiento de la asociación catalana, la primera creada en España. Algunos de sus miembros estuvieron ayer en Oviedo con el objetivo de orientar a las familias del Principado.

Tres experiencias para fundar la asociación

Madelen Cachero, el matrimonio formado por Maite de Blas y Xulio Suárez y Noelia Menéndez se animan a posar para la foto. Hace tiempo que se decidieron a salir del armario reservado para los padres. No hablan de oídas. Vivieron en primera persona el sufrimiento de sus hijos adolescentes y saben que pueden ayudar a muchos que ahora mismo están perdidos y no saben a quién recurrir.

La hija de Madelen Cachero, de Blimea, tiene 20 años y es bisexual. "Todavía hace poco tiempo que me lo dijo. Algo intuía porque algunas veces me preguntaba si sería lesbiana, aunque luego cambiaba de tema. Para mí, ahora mismo, lo más importante es que sea feliz", señala esta madre que descubrió el foro de Xega gracias a que su hija la empujó a acudir a las reuniones. Poco después fue a una reunión nacional celebrada en Zaragoza y comprobó que había encontrado lo que necesitaba, que ya no se sentía sola.

"Tu no vas comprar la barra del pan y le dices al panadero estoy deprimida porque mi hijo es gay. En todo caso le dices que estás mal porque ha suspendido un montón. Es algo que no vas diciendo por ahí. No sabes a quién puedes o debes contarlo". Así se sinceran Maite de Blas y Xulio Suárez, los padres de Jony, un transexual masculino que acaba de hacer efectivo el cambio de nombre al cumplir los 18 años.

En su caso la transexualidad fue algo sobrevenido. "No fue un cambio en la adolescencia. Se veía venir desde que tenía dos años, pero entonces pensábamos: Ya cambiará cuando tenga 14 o 15 años. Desde pequeño estaba claro que era un chico", explica Maite, que fue la que dio el paso de acudir a Xega para pedir información, para hablar de lo que sucedía en su familia.

Sin embargo, Jony no verbalizaba lo que le estaba pasando, no le ponía nombre y la convivencia era muy difícil. Un día Maite se decidió. Se sentó un día con él y se lo dijo directamente. Ese fue el inicio de su nueva vida, una vida acorde con su auténtica identidad sexual. Cuál era su principal miedo? Defraudar a su padre. "Yo siempre le había dicho que era mi princesita y él me decía: Pero papá, yo siempre fui tu princesita, te estoy defraudando. Pero no era verdad. Le contesté que ahora tenía un príncipe", explicó Xulio.

Salvo en un caso puntual, que aún recuerdan con dolor, Jony no ha sufrido casos graves de rechazo. Sus padres cuentan que cuando lo aceptó públicamente mucha gente les decía que era algo que se veía venir. El sufrimiento en su caso era algo más íntimo, estaba ligado a la autoaceptación. En enero recibió su carnet y esta misma semana su nueva cartilla de la seguridad social.

Noelia Menéndez tiene un hijo gay de 15 años. Se lo contó a los 12. "No es algo habitual que lo digan tan jóvenes, pero él lo tenía clarísimo. Llevaba un año dándole vueltas y yo ya había notado un cambio en su actitud", comenta esta madre de Posada de Llanera. A pesar de su precocidad, al chico le costó comenzar a asistir a las reuniones de Xega. Primero acudió Noelia acompañada por su madre, "que es muy abierta de mente", y cuando les oyó hablar de sus experiencias se decidió.

"Le costó un empujón, pero el resultado ha sido muy bueno". Noelia cree que el círculo en el que estaba su hijo no era muy positivo. Gracias a Xega ha encontrado un grupo de amigos con inquietudes, problemas y gustos similares, lo que ha ampliado sus miras y ha mejorado su convivencia.

Los objetivos del colectivo de padres

Tino Brugos, coordinador de Xega, es uno de los artífices de la fundación del primer colectivo de padres de gays, transexuales y lesbianas de Asturias. Xente Gay sirvió, en cierto modo, de núcleo de unión para las familias que buscaban apoyo y las puso en contacto con el resto de organizaciones españolas. Incluso acudieron a un encuentro en Zaragoza.

Sin embargo, la intención de estos padres es funcionar de forma autónoma, es decir, no formarán parte de Xega aunque colaborarán de forma muy estrecha. Maite, Xulio, Noelia y Madelen quieren compartir sus experiencias con otros padres que vivan situaciones similares a las suyas. "Como en Asturias no hay nada parecido podemos llegar a ser un referente para esas personas que no saben a dónde acudir para afrontar lo que les están pasando", comentan.

Su mejor tarjeta de presentación es la felicidad de sus hijos. Xulio Suárez explica que desde que asumen con naturalidad la orientación sexual de su hijo "todos somos más felices y, sobre todo, él. Ellos se relajan y tu te relajas". Noelia añade que tienen muchas cosas que aportar, por lo que no sería justo que se quedasen en casa sin prestar ayuda.

La organización catalana fue la pionera

"Cae como una noticia tremenda, así que hay que reorganizarse y volver a la estabilidad. Es un proceso complejo, nada fácil y muy difícil de superar en solitario". Esther Nolla es la presidenta de la asociación de madres, padres y familiares de gays y lesbianas de Cataluña, que lleva ya varios años en funcionamiento. Esther conoce de primera mano lo que pasó en su casa y también la de centenares de personas que pasan por la sede del colectivo y por los encuentros que organizan.

Su experiencia le lleva a concretar la raíz del problema: "Desde que nace presupones que es heterosexual, así que cuando te enteras, la homosexualidad es la culpable". Esther Nolla defiende una educación alejada de los estereotipos, en la que no haya una orientación sexual aceptada y otra que sea necesario asumir. Está convencida de que si la sociedad fuera capaz de criar a todos sus hijos en igualdad de condiciones se ahorraría un gran sufrimiento a millones de personas.

Porque la presidenta de la asociación catalana sabe que con aceptar la homosexualidad de un hijo no es suficiente. Hay que compartir su vida. "Los silencios no son buenos. No puedes decir: Ah! Eres homosexual? Pues no pasa nada, yo te quiero igual. Y no volver a hablar nunca más de ello, porque en realidad le estás excluyendo". Esther afirma que también hay que dejarle margen para que cuente sus preocupaciones o para que presente a su pareja.

También recalaron en Oviedo José García, Kati Pastor y su hijo Alex. Su presencia tenía el valor del testimonio en primera persona. Kati todavía recuerda con perplejidad al psicólogo que trataba de curar la homosexualidad de Alex, cuando ellos lo que buscaban era apoyo. Tardó un año en darse cuenta de lo que estaba pasando, pero esos largos 12 meses quedaron compensados en una sola hora con el profesional que les recomendó la asociación catalana. Tras un largo silencio, comenzó a brotar todo lo que había callado. José, Kati y Alex saben que solo con tener buena fe no es suficiente.

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