03 febrero 2008

Son derechos. No obligaciones

Corría el año 2004, primero de la legislatura Zapatero, se estrena la película Mar Adentro, un canto a la vida. Es la historia de Ramón Sampedro, el marino gallego tetrapléjico que logró morir con dignidad, con la que su enfermedad no le permitía vivir.

A partir de su estreno, al que asistió el presidente del Gobierno (se debería prodigar más el presidente en los cines y teatros) la iglesia católica, los integristas del PP y toda su armada mediática iniciaron una campaña dando por supuesta la voluntad del Gobierno de legalizar la eutanasia. No era ajeno a ese ataque el hecho de ser ésta una producción española, escrita y dirigida por un homosexual (Alejandro Amenábar) e interpretada por un titiritero rojo (Javier Bardem). La película obtuvo el Oscar a la mejor producción en lengua no inglesa, y ya se sabe, para la derecha, después de Raza (dirigida por José Luis Sáenz de Heredia en 1941 con guión de Jaime de Andrade, seudónimo bajo el que se ocultaba el general Francisco Franco) el cine español no existe.


Creado el clima, al año siguiente (2005) el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Manuel Lamela, merced a una denuncia anónima (quizá alentada desde la propia consejería) acusa al equipo de cuidados paliativos del hospital Severo Ochoa de Leganés del homicidio de 400 pacientes por sedaciones irregulares (eutanasia).


La Audiencia Provincial de Madrid, en sentencia firme de 27 de enero, declara el sobreseimiento y archivo del caso y ordena que se suprima toda referencia a la posible mala práctica de los médicos denunciados.

 
El gobierno madrileño, con su presidenta a la cabeza, se niega a reconocer la falsedad de las denuncias, pedir perdón a los pacientes, a los médicos separados del servicio y mancillados en su honor profesional y a la ciudadanía, entretanto los nuevos hospitales de la red sanitaria pública fueron entregados a la gestión (negocio) privado. Objetivo cumplido.

 
A raíz de la intervención judicial en una clínica de Barcelona la caza de brujas contra las clínicas que practican abortos se intensificó con una virulencia propia de fanáticos, siendo Madrid la vanguardia.

 
Acosos a clínicas, citaciones (con guardias civiles uniformados) a mujeres que habían abortado años atrás, campañas de prensa difamatorias contra profesionales y pacientes, el repertorio completo de la infame radio y prensa amarilla ya utilizado en otras ocasiones (11M, terrorismo, estatutos, etc.) Con esta campaña coincide en nuestras carteleras una película rumana dirigida por Cristian Mungiu, ganadora de la Palma de oro en Cannes y candidata al Oscar como mejor película. Se titula Cuatro meses, tres semanas y dos días. La historia transcurre en Rumania hace 20 años bajo la dictadura de Ceausescu, narra la preparación y ejecución de un aborto clandestino a una joven estudiante que cuenta solo con la compañía de una abnegada y solidaria amiga, sometidas ambas a los abusos morales, físicos y económicos de un ¿médico? y un sistema asfixiante, una pesadilla que transcurre en ambientes sórdidos, faltos de higiene, de humanidad.

 
Película austera, veraz, dura, seca, brutal, sin concesiones. Una historia en nada diferente a casos similares ocurridos en la España de hace 30 años, esa felizmente superada y la que parecen añorar los obispos y la derecha.

 
No faltan en esta campaña las mentiras más groseras e infames. Para muestra las declaraciones estilo gore realizadas por la alcaldable Ana Botella a la cadena SER el 25 de enero. Dice la señora de Aznar: “todos los ciudadanos han visto esas escenas realmente espeluznantes de niños de siete meses de gestación en las trituradoras”. ¿Qué ciudadanos? ¿Por qué no se denuncia? ¿Dónde están las pruebas? Son genéticamente mentirosos.

 
Vivir es un derecho, no una obligación. La maternidad es un derecho, no una obligación. Solo una legislación clara puede evitar situaciones como la de los médicos y pacientes del Hospital Severo Ochoa y de las clínicas que practican abortos y las mujeres que deciden abortar. Esa legislación es una ley de plazos para la interrupción voluntaria del embarazo y la despenalización y regulación legal de la eutanasia. Hay una legislatura por delante. Zapatero ¡no nos falles!

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