14 mayo 2008

"Todos conocen a un gay. Debemos de ser una plaga"

Grande-Marlaska da una conferencia sobre homosexualidad en un instituto

juez_Grande-Marlaska

"Los alumnos gays, lesbianas, homosexuales y transexuales existen. Están aquí y ahora, gritando en silencio respeto y reclamando respuestas a sus preguntas". Ayer, sentado frente a unos 70 adolescentes y detrás de una bandera arcoiris, Fernando Grande-Marlaska habló sobre la diversidad sexual en una conferencia a alumnos de Bachillerato del instituto Duque de Rivas en el municipio madrileño de Rivas-Vaciamadrid. Marlaska es juez de la Audiencia Nacional, y uno de los pocos personajes públicos que ha reconocido su homosexualidad en España. Se refirió a las leyes, pero también a su experiencia personal.

"Yo tuve clara mi orientación sexual desde muy joven, pero perdí 25 años de mi vida afectiva por la ley del silencio. Hasta los 35 años no lo llegué a reconocer ante todo el mundo. La última fue mi madre con la que perdí cinco años de relación porque no aceptaba a mi pareja. Fue en los años setenta y ochenta cuando aún existía la ley de peligrosidad y rehabilitación social". Esa ley consideraba a los homosexuales delincuentes y con ella muchos acabaron en reformatorios o en la cárcel.

Como la historia es reciente, invitó a los presentes a "no congraciarse y mantenerse alerta". "Hasta la ley del matrimonio homosexual, sufríamos una discriminación absoluta. Si, en una pareja de hecho, uno se ponía enfermo, el otro no podía pedir una baja para cuidarle porque, legalmente, no era nada suyo. Tampoco podíamos firmar la autorización para una operación aunque viviésemos juntos desde hace años. Ahora ni el más recalcitrante dice que los homosexuales somos ciudadanos de segunda. Por lo menos no de palabra. Otra cosa es la práctica".

Para Grande-Marlaska, la realidad social sigue estando por detrás de la realidad legal. "La prueba es que ahora todos conocen a un gay, debemos ser una plaga. Pero me pregunto por qué siempre es un amigo, pero nunca un hermano o un primo". Puso como ejemplo las mismas instituciones del Estado. "Todavía hoy hay pocos referentes públicos que son capaces de admitir su orientación sexual y apelan a la intimidad para no desvelarla". Durante toda la charla los alumnos fijaron la mirada en el juez, con un silencio curioso y atento. Sin duda con gran interés. Pero cuando el discurso terminó sólo hubo tres preguntas, dos de ellas de los pocos asistentes adultos al debate. Quizá fue la ley del silencio, quizá sólo la adolescencia o tal vez que la homosexualidad, aunque haya conquistado la legalidad, aún no se trata con naturalidad en el día a día.

El Pais

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